Ester 1:2 “….que en aquellos días, cuando fue afirmado el Rey Asuero sobre el trono de su reino..”
Estos son días en los que debe ser afirmado el Señor en el trono de nuestro corazón. Otra vez Él debe ocupar el lugar más importante en nosotros.
En algunos el trono siempre fue compartido (con otros amores, con nuestros sentimientos, anhelos, etc.) por falta de luz. En otros, el Señor fue desplazado casi imperceptiblemente de ese lugar (las muchas luchas, aún la Obra misma fue haciendo ese trabajo) y esto en pastores y en cada uno de los hermanos.
Por eso lo primero que hay que hacer en este tiempo, es afirmar en el trono al Rey. Luego habrá banquete.
Ester 1:3-4 “…hizo banquete a todos sus príncipes y cortesanos, teniendo delante de él a los más poderosos de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de familia, para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder.”
El reino de la luz es muy especial y está lleno de riquezas, pero a nosotros no nos parecen riquezas apetecibles. Nos cuesta ver como algo bueno: que es mejor perder que ganar; que es mejor poner la otra mejilla; que es mejor perdonar, rendir, renunciar.. No lo vemos. Pero todo eso es riqueza para nosotros, pues nos hace libres del poder de nuestra carne, pero nosotros lo tenemos como no tan bueno.
El Señor viene a hacer esto en este tiempo, viene a abrir nuestros ojos para que veamos esas riquezas y las deseemos. Su gloria viene a revelarse para cortar de nosotros esos pensamientos, esas ataduras carnales- Él viene a mostrar el brillo y la magnificencia de Su poder, no por el poder mismo 8aunque nos deje sanidades, bendiciones, etc), sino para traer más temor de Él a nuestro corazón.
El poder se manifiesta con el fin de glorificarle y para que le conozcamos. No sólo para beneficiarnos, sino para atraernos.
Ester 1:5-8 “…y cumplidos estos días, hizo el rey otro banquete por siete días en el patio del huerto del palacio real a todo el pueblo que había en Susa capital del reino, desde el mayor hasta el menor. Y daban de beber en vasos de oro, y vasos diferentes unos de otros, y mucho vino real, de acuerdo con la generosidad del rey. Y la bebida era según esta ley: Que nadie fuese obligado a beber, porque así lo había mandado el rey a todos los mayordomos de la casa, que se hiciese según la voluntad de cada uno.”
Cada uno beberá de distinta manera (unos llorarán, otros reirán, otros adorarán con más frescura), pero habrá abundancia de vino nuevo. Él, con generosidad, derramará sobre Su Pueblo, del espíritu Santo. Pero hay una ley: Nadie será obligado a beber.
Muchos se embriagarán, pero en lo espiritual pasa todo lo contrario a lo que pasa en lo natural. En el mundo el que se embriaga pierde el control de sí mismo, y eso es malo.
El que se embriague con vino nuevo perderá también el control de sí, de su propia voluntad, de sus propios proyectos, de sus sentimientos… será libre!
Hay un llamado a embriagarnos de Su Espíritu. En lo natural no tomar mucho vino es prudente. El Señor viene a llamar a imprudentes espirituales. Viene a llamar a los sedientos, porque Su propósito, Su anhelo es, saciarlos.
Porque sólo al ser saciados por Él, tendremos la capacidad de consagrarnos totalmente.
Espero sea de bendición para cada uno de todos nosotros.
Un abrazo
Pastor Juan Carlos Rebrej